A continuación tienes un análisis completo y comparativo de la clasificación energética de electrodomésticos en Europa, con especial atención a los cambios introducidos con el nuevo etiquetado energético desde 2021 en comparación con el sistema anterior.
Qué es y para qué sirve
La clasificación energética de los electrodomésticos en la Unión Europea (UE) es un sistema oficial obligatorio que informa a los consumidores sobre cuánta energía consume un producto y, por tanto, cuánto costará su uso en términos de consumo eléctrico y de impacto ambiental. La etiqueta energética tiene dos objetivos principales:
- Facilitar la comparación entre diferentes modelos de productos antes de la compra.
- Estimular la innovación y eficiencia de los fabricantes, reduciendo el consumo energético de los aparatos disponibles en el mercado.
Sistema previo a 2021: evolución histórica
Origen
- El primer sistema de etiquetado energético obligatorio en la UE se introdujo en 1994 para algunos grupos de electrodomésticos (por ejemplo, frigoríficos). Se utilizaba una escala de A a G, donde A representaba la eficiencia más alta y G la más baja.
Ampliaciones durante los años 2000–2010
- Debido a que la mayoría de los productos lograban fácilmente la clase A gracias a mejoras tecnológicas, la escala se amplió: primero con A+, luego A++ y finalmente A+++ para extender el rango y distinguir los modelos más eficientes entre sí.
Características del sistema anterior
- Clases de eficiencia: desde A+++ (más eficiente) hasta G (menos eficiente), según el tipo de producto.
- Métodos de cálculo: basados en consumo energético estandarizado (por ejemplo, consumo anual calculado en función de ciclos de lavado o potencia media).
- Confusión para consumidores: la proliferación de los símbolos “+” hacía difícil comprender qué tan eficiente era realmente un producto.
Nueva clasificación desde marzo de 2021
A partir del 1 de marzo de 2021 entró en vigor un nuevo sistema de etiquetado energético para varios grupos de productos (como lavadoras, frigoríficos, lavavajillas y televisores), con otros productos incluidos gradualmente en meses posteriores.
Principales cambios
1. Escala simplificada de A a G
- La nueva escala elimina completamente las categorías A+, A++ y A+++, regresando a la escala tradicional y simplificada de siete clases de eficiencia: A (más eficiente) a G (menos eficiente).
2. Reajuste de criterios y clasificación más estricta
- Los productos técnicamente más eficientes del mercado pueden inicialmente aparecer en las clases B o C tras la reclasificación, incluso si no ha cambiado su consumo real respecto a la versión anterior de la etiqueta. Esto se hace para dejar espacio para futuras mejoras tecnológicas.
3. Nuevos métodos de ensayo y cálculo
- Además del cambio visual, los métodos de medición y cálculo del consumo han sido actualizados para reflejar mejor el uso real del electrodoméstico (por ejemplo, cambios en ciclos de ensayo y resultados energéticos).
4. Inclusión de información extras y digitalización
- La nueva etiqueta incorpora un código QR que permite acceder al European Product Registry for Energy Labelling (EPREL), una base de datos pública de la UE con información detallada del producto (consumo, características técnicas, etc.).
5. Mejora de la usabilidad por parte del consumidor
- La etiqueta proporciona no solo la clase energética, sino también valores de consumo (kWh) y otras métricas relevantes (por ejemplo, consumo de agua, ruido, capacidad), dependiendo del tipo de electrodoméstico.
Comparación entre los sistemas antes de 2021 y después de 2021
| Característica | Antes de 2021 | Desde 2021 |
|---|---|---|
| Escala de clases | A+++ (máximo) a G | A (máximo) a G |
| Claridad para el consumidor | Baja (confusión por “+”) | Alta (escala más simple) |
| Relación con consumo real | Directa según ensayos antiguos | Ajustada a métodos más modernos |
| Espacio para innovación | Cada vez más limitado | Diseñado para permitir mejoras tecnológicas futuras |
| Información adicional | Limitada | Código QR con acceso a EPREL |
| Correspondencia de clases | Limitada entre versiones | No existe conversión fija |
Ejemplo práctico:
Un electrodoméstico que antes estaba en clase A+++ (máxima eficiencia bajo el sistema antiguo) puede aparecer como B o C bajo la nueva escala, pese a tener el mismo rendimiento energético real, debido a criterios más estrictos y al redimensionamiento de las clases.
Por qué se hizo el cambio
Los principales motivos para actualizar la clasificación energética fueron:
- Evolución tecnológica: demasiados productos alcanzaban categorías superiores a A, lo que hacía que la etiqueta perdiera significado como herramienta de comparación.
- Claridad y transparencia: se buscaba un sistema que fuese intuitivo y comprensible para el consumidor medio.
- Impulsar la innovación: establecer clases exigentes deja espacio para que los fabricantes continúen desarrollando productos aún más eficientes.
- Digitalización e información adicional: el uso de EPREL y códigos QR mejora el acceso a datos objetivos y comparables.
Impacto y consideraciones
Para los consumidores
- Mayor transparencia a la hora de comparar diferentes modelos.
- Las etiquetas nuevas suelen mostrar clases más bajas que las etiquetas antiguas, aunque el consumo real no haya cambiado.
- Facilita decisiones de compra más informadas y comparables entre productos similares.
Para los fabricantes
- Incentivo para mejorar la eficiencia tecnológica.
- Obligación de registrar los datos del producto en EPREL antes de su comercialización.
Para el mercado
- Mejora la competencia en eficiencia.
- Favorece la transición hacia productos más sostenibles y de menor consumo energético.
Conclusión
La clasificación energética de electrodomésticos en Europa ha evolucionado sustancialmente desde sus primeras versiones hasta la reestructuración de 2021. El cambio principal implicó una simplificación de la escala de eficiencia (de A+++–G a A–G), un endurecimiento de los criterios de clasificación y la introducción de herramientas digitales como EPREL para mejorar la transparencia y la comparabilidad entre productos. Estas reformas persiguen un doble objetivo: facilitar a los consumidores decisiones de compra más claras y impulsar a los fabricantes a innovar hacia estándares energéticos más ambiciosos.

